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Caracas, martes 12 de mayo de 2009
Publicación de Aserne en Venezuela sobre su
blog.
La
economía venezolana viene padeciendo de alta y
creciente inflación, lo cual es un problema que
ya se vuelve crítico para la economía venezolana
y especialmente para las familias de menores
ingresos. La inflación ha tomado fuerza en
nuestro ambiente no obstante la vigencia de un
régimen de controles de cambio y de precios, y
el sostenimiento de un tipo de cambio fijo e
invariable desde comienzos de 2005. Las
políticas económicas del gobierno, fundamentadas
desde 2003 en controles de variada naturaleza,
represión económica y vulneración de los
principios constitucionales de libertad
económica y derecho de propiedad, han generado
graves distorsiones en los patrones de
producción y consumo. El deterioro de la
producción agrícola, la escasa inversión en
nueva capacidad productiva industrial y
agrícola; la corrupción generalizada, tanto en
la administración de los controles como en el
funcionamiento ordinario del Estado, que
persistentemente se señala en los medios; el
estancamiento de la producción petrolera, el
colapso de las empresas básicas de Guayana y la
insolvencia de las empresas financieras
públicas, son todos síntomas de problemas
económicos graves, que se han manifestado con
mayor virulencia desde que los precios del
petróleo iniciaron su drástica declinación en el
tercer trimestre de 2008.
En
éste contexto, el gobierno presentó un Plan
Anticrisis el 21 de marzo de 2009. Las medidas
que lo componen se corresponden con una
equivocada interpretación fiscalista de la
naturaleza de los desequilibrios, además de
atribuirlos a supuestas perversiones del mercado
y del sistema capitalista, y a conductas
desviadas de los paradigmas que se corresponden
con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Esa
interpretación conduce a prescripciones de
política ajenas a las causas que provocan los
desajustes. Entre las causas reales se inscriben
las propias políticas del Estado, las cuales se
retroalimentan en respuesta a su ineficacia,
enfatizando así su signo distorsionador. La
conducción de los asuntos públicos se resume, a
gran escala, en un proceso de cambios económicos
e institucionales improvisado, cuyo elemento más
destacado es la creciente intervención del
Estado en la economía como ente regulador, pero
también como un productor, altamente
ineficiente, de bienes y servicios, devenido en
esa condición a través de un proceso errático de
expropiaciones y compras coactivas de empresas
privadas.
Esta
circunstancia, unida a la debilidad de la
producción nacional, ha exigido un flujo
creciente e insostenible de importaciones, y al
desbordamiento del gasto público, lo cual ha
exacerbado la dependencia de la actividad
petrolera, precisamente cuando se ha revertido
el ritmo creciente de los precios
internacionales de los hidrocarburos. La severa
crisis económica global, intensificada a partir
del tercer trimestre de 2008, ha contribuido a
agravar el cuadro económico nacional, pero en
modo alguno puede ser invocada como la causa
originaria de los trastornos que afectan a los
venezolanos.
El deterioro institucional
Según la Constitución de 1999, la República es
un Estado democrático y social de derecho y de
justicia, organizado en forma Federal con
fundamento en el principio de la
descentralización. Se preservan en esa
Constitución, en general, los derechos civiles,
políticos y económicos que ya venían del
ordenamiento constitucional precedente. Entre
los principios que acoge la Constitución
económica se encuentran el de libertad económica
y el derecho a la propiedad, limitados solamente
en los términos que fijen la Constitución y la
ley en función del interés colectivo. La
expropiación sólo procede por causa de utilidad
pública y social, mediante sentencia firme y
mediando el justo pago de indemnización. Estos
principios han sido consistentemente vulnerados
por el Ejecutivo, con la anuencia y el respaldo
de los restantes poderes públicos. Se confiere,
además, rango constitucional a la coordinación
de políticas macroeconómicas y se consagra,
aunque con deficiencias, la autonomía del Banco
Central de Venezuela. Estos principios, de
aceptación universal, no encuentran correlato en
la práctica y, por el contrario, la pérdida de
la autonomía del Banco Central, en la ley y en
los actos, lo inhabilita para el cumplimiento de
sus funciones y diluye la pertinencia de la
coordinación interinstitucional.
En
agosto de 2007, con el expreso propósito de
construir una economía y un Estado Socialista,
en abierta violación a lo dispuesto en la
Constitución de 1999, el Presidente promovió,
mediante un referéndum, la aprobación de un
proyecto de reforma constitucional que
permitiría su reelección indefinida,
introduciría nuevos conceptos de propiedad de
los medios de producción, con el consiguiente
debilitamiento del régimen de propiedad privada,
y definiría una nueva “Geometría del Poder”,
según la cual, se anularía la descentralización
y se concentraría un poder omnímodo en el
Presidente de la República. Todo ello con el
objeto de imponer un sistema de planificación
central de la economía y el sometimiento y
control de los niveles de gobierno de elección
popular, es decir, gobernaciones y alcaldías.
Aunque el proyecto fue rechazado por 51% de los
votantes, la Asamblea Nacional aprobó, a fines
de 2007, el Primer Plan Socialista de la Nación
(2007-2013) y en julio de 2008 el Presidente
aprobó 26 decretos-leyes compatibles con la
reforma derrotada en la consulta.
El
desconocimiento de mandatos constitucionales no
comenzó en 2007. En julio de 2005 se modificó la
Ley del BCV para obligarle a transferir (es
decir, entregar sin pago alguno) US $ 6
millardos de las reservas internacionales al
Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), destinado
a cubrir parte del gasto público. Aunque esa
debió haber sido la única entrega conforme a la
ley, el BCV ha transferido a ese Fondo más de US$
30.000 millones desde entonces, en virtud de la
aplicación de un concepto difuso y arbitrario,
cual es, la transferencia de aquella porción de
las reservas internacionales que exceda al nivel
que se aprecie como adecuado. Como consecuencia
de esta nociva práctica, se han exacerbado las
causas monetarias de la inflación y, con base en
principios contables propios de la banca
central, puede afirmarse que el patrimonio del
BCV es hoy negativo.
En
un sentido más general, se ha intensificado la
utilización de las instituciones democráticas
con propósitos de retaliación y como medio para
neutralizar la oposición política al régimen,
por vía de procesos judiciales espurios,
mediante la inhabilitación de personas con
indiscutible respaldo popular, y para desconocer
y anular la voluntad expresada a través del voto
en las elecciones regionales.
Las políticas económicas
Desde la aplicación de las medidas de recorte
del gasto público en 1999, como consecuencia de
la merma en los ingresos petroleros, pasando por
las políticas derivadas de la turbulencia
política interna y los ataques terroristas a EE
UU en los primeros años del siglo y, luego, por
una fase de intensa expansión del gasto público
en correspondencia con los altos precios del
petróleo registrados, fundamentalmente, a partir
del año 2008, el país enfrenta, de nuevo, una
sensible reducción tanto en los precios como en
la producción de hidrocarburos, que ha
determinado una mayor presión tributaria y la
intención de reducir drásticamente el gasto
público. Desde la perspectiva de la política
fiscal, la respuesta a los vaivenes del mercado
petrolero ha sido la de adaptarse a los cambios,
elevando o reduciendo las contribuciones y el
gasto público, según el caso. En Venezuela se
carece de los mecanismos estabilizadores que
reclama su condición de país petrolero y, de
hecho, los recursos que existían en el entonces
llamado Fondo de Estabilización Macroeconómica,
fueron consumidos en dos años. Desde el punto de
vista cambiario, persiste la política de
sustentar la lucha contra la inflación en la
relativa estabilidad del tipo de cambio –como
fue el caso hasta 2003– y en los controles
administrativos con un tipo de cambio fijo, a
partir de ese año.
La
conducta fiscal del gobierno ha inducido un
patrón de inestabilidad económica que repercute
en la producción, el consumo, la inversión y el
empleo productivo, y de allí que ha comprometido
las posibilidades de desarrollo integral que
anunciaba la favorable circunstancia petrolera
mantenida por cerca de una década. Así, el
aumento en el gasto público que se correspondía
con la bonanza petrolera, estimuló la demanda de
consumo, con la consecuente repercusión en el
crecimiento de la actividad económica no
petrolera, principalmente en los sectores
financiero, de comunicaciones, construcción y
comercio, no tanto así en la manufactura y la
agricultura. La abundancia de divisas favoreció
un rápido y marcado aumento de las
importaciones, que en 2008 alcanzaron US $
48.095, es decir, 55% de las exportaciones
petroleras de ese año. Y, sin embargo, el
desequilibrio de los mercados y la incapacidad
de la política monetaria del Banco Central,
contribuyeron a crear intensas presiones sobre
los precios de los bienes, especialmente los de
primera necesidad. El gobierno ha enfrentado
estas presiones con controles de precios, de
cambio y una penetrante represión sobre el
aparato productivo privado, cada vez que supone
conductas alejadas de sus propios parámetros,
los cuales resultan ajenos por completo a las
realidades de la economía y de los mercados. Por
ello, desde fines de 1998 hasta fines de 2008,
el Índice de Precios para Caracas ha crecido
556%. La improvisación ha sido un rasgo
consistente de las políticas del Estado. En
2007, por ejemplo, mientras aplicaba la
reconversión monetaria, el gobierno presentó un
Plan Antiinflacionario, que incluía emisiones de
bonos en divisas, la reducción de la alícuota
del IVA, ampliación del crédito al sector
agrícola y una ley especial contra el
acaparamiento, la especulación y el boicot. El
corolario de estas medidas fue una aguda escasez
de bienes básicos y elevadas tasas de inflación
de 22,5% y 31,9% en 2007 y 2008,
respectivamente.
El
gobierno ha podido hacer mucho más por contener
la inflación en beneficio de los sectores de
menores ingresos, pues ha dispuesto de ingentes
recursos para asegurar el crecimiento de fuentes
permanentes de trabajo y mejorar la calidad de
vida de los venezolanos. Pero es que no existe
coherencia en las políticas que aplica, ya que
la contraparte de un gasto abultado, con
transferencias sociales que conceden dividendos
políticos en el corto plazo, ha sido la pérdida
de poder adquisitivo de los salarios, un
deterioro sostenido en la cantidad y calidad de
los servicios públicos, inseguridad e
incertidumbre, en cuanto a la capacidad del
Estado para enfrentar la crisis que se avecina y
en cuanto a la propia integridad de bienes y
personas en razón del avance de la violencia de
carácter principalmente urbano.
Del Plan Anticrisis de marzo 2009 y otros planes
por venir
El
precio promedio del barril del petróleo
venezolano fue de US$ 86,8 en 2008, por lo que
una reducción estimada hasta US$ 40 para 2009,
en el contexto de los serios problemas
económicos acumulados, representa un impacto de
magnitud considerable en el orden económico y
social, y de allí, en la gobernabilidad del
país. Sin embargo, la situación pudo haber sido
distinta si hubiese prevalecido un mínimo de
sensatez y de orden en la conducción de los
asuntos públicos. Al tomar en cuenta el precio
promedio del petróleo que ha prevalecido desde
2004, el gobierno podría disponer hoy de
elevados ahorros en el fondo de estabilización
que contribuyeran a suavizar los efectos de la
caída del ingreso petrolero. Más aún así, si
hubiese adoptado una política racional de
producción y de comercialización, preservando el
interés nacional por encima del interés
geopolítico circunstancial. Pero no es ese el
caso. En respuesta a su imprevisión, el gobierno
puso en marcha un Plan Anticrisis improvisado e
incompleto, según el cual, reducirá el gasto
presupuestado para 2009 en una proporción tal,
que implicaría disminuir el gasto fiscal
efectivo en términos reales en más de 30%;
incrementó la alícuota del IVA –después de
haberla reducido– y, por lo que hoy se conoce,
endeudará a la República y a PDVSA por más de US$
15.000 millones, con lo cual la deuda pública
total de ambas entidades podría alcanzar a US $
75.000 millones al cierre de 2009. Además, el
gobierno está aplicando severas restricciones a
la entrega de divisas a través de CADIVI, está
excluyendo bienes de la lista favorecida con
divisas preferenciales, y PDVSA ha intervenido
en el mercado de permutas contrariando la ley,
no obstante lo cual, el tipo de cambio en ese
mercado es superior en más de 200 por ciento al
tipo de cambio oficial.
La
crisis encuentra a Venezuela con una dependencia
casi total del ingreso petrolero, con una
empresa petrolera estatal sensiblemente
deteriorada en su capacidad gerencial, operativa
y financiera, y con un aparato productivo
privado que ha sido premeditadamente asfixiado.
A ello se agrega el avance del proceso de
deterioro institucional, pues los poderes
públicos son cada vez más parciales y
dependientes del Ejecutivo; el BCV financia el
gasto público con las reservas internacionales
que deberían respaldar la liquidez monetaria, y
relaja su política monetaria para permitir el
endeudamiento del gobierno; las cuentas públicas
no reflejan transparencia y se han intensificado
los alegatos de corrupción, amparada por la
impunidad. En este estado de cosas, continuará
acentuándose el deterioro económico, social e
institucional que afecta a los venezolanos, como
consecuencia directa de las políticas en
aplicación y por aplicar por parte del gobierno
venezolano y del clima de desasosiego que vive
el país.
El
paquete de medidas de marzo 2009, resulta
esencialmente fiscalista, insuficiente,
desarticulado y carece de la consistencia mínima
para proveer crecimiento y estabilidad económica
a Venezuela. Es por ello que no logrará atenuar
las presiones inflacionarias, ni la caída del
salario real. Sus secuelas serán percibidas por
la población en forma más evidente a través del
alza de los precios de los alimentos y de otros
bienes y servicios, y de la erosión del valor de
compra de las transferencias sociales. La
escasez de productos nacionales y la inevitable
reducción de las importaciones; la paralización
de empresas privadas por falta de insumos y la
interrupción de obras por falta de pago a
contratistas y proveedores del Estado, en
especial en los casos de PDVSA y las empresas
básicas de Guayana; así como la menor actividad
económica en la cadena de empresas relacionadas,
generará un creciente desempleo y un proceso
continuo de empobrecimiento. Algunos creen que
éste cuadro se resolvería automáticamente con
sólo elevarse el precio de petróleo. No
comprenden la magnitud del daño estructural
causado a la economía venezolana. Tampoco
consideran la desviación de esfuerzos y de
recursos desde las áreas productivas de mayor
impacto económico hacia aquellas que se
favorecen de las distorsiones generadas por las
políticas públicas, entre ellas, la marcada
apreciación cambiaria.
Queremos advertir al país sobre este grave
cuadro económico, social e institucional, no con
el propósito de acentuar la ansiedad que
prevalece entre los venezolanos, sino para
resaltar el hecho de que los desequilibrios y
distorsiones que se vienen conformando en los
últimos años, tendrán impactos negativos de
importancia sobre la vida de los venezolanos
debido a los graves errores de interpretación de
la realidad nacional y de diseño y ejecución de
las políticas que se llevan a cabo bajo la
presente gestión gubernamental.
SARY LEVY, DOMINGO MAZA ZAVALA, PEDRO PALMA,
HECTOR SILVA MICHELENA, HECTOR MALAVE MATA,
HUMBERTO GARCIA LARRALDE, CARLOS HERNANDEZ
DELFINO, ISAAC MENCIA, FRANCISCO FARACO, JOSE
GUERRA, ORLANDO OCHOA, VICTOR OLIVO, LUIS CARLOS
PALACIOS, TEODORO PETKOFF, RONALD BALZA, JESUS
CASIQUE, ALCIDES VILLALBA, WILLIAM CAMACARO.
Fuentes:
http://chavezlosabe.blogspot.com/2009/05/ante-la-situacion-economica-nacional.html
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