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Por Narciso Isa Conde
narcisoisaconde@gmail.com
La banalización de ciertos medios de
comunicación y de ciertos analistas políticos
los lleva a no leer el real significado del
notable incremento de la abstención en las
elecciones recién pasadas (alrededor del 60 por
ciento) y a establecer causas superficiales de
la derrota del Partido Revolucionario Dominicano
(PRD) y de la victoria relativa del Partido de
la Liberación Dominicana (PLD), cuando no a
presentar motivos realmente secundarios.
En
esta oportunidad el escenario de votantes se
redujo más que antes a la parte de los electores
más proclive a dejarse envolver, atraer y
manipular como clientela política.
Esto
tiene que ver con la conversión de más en más
del PLD, del PRD y de sus partidos satélites
(incluido ya el desvencijado PRSC), en dos
grandes y enriquecidas compañías por acciones,
sin mayores atractivos que su capacidad para
generar voluminosas clientelas políticas.
La
todavía potente gravitación de esos dos partidos
del sistema, su enorme capacidad para corromper
y corromperse de arriba hacia abajo y hacia los
lados, ha convertido progresivamente en nueva
clientela una parte de lo que antes era
ciudadanía y transformado en mayor escala sus
equipos dirigentes en partidocracia parasitaria
de las instituciones del Estado, de los negocios
del Estado, de los vínculos mercuriales del
Estado con determinados empresarios y de la
asociación de las funciones públicas con las más
variadas actividades delictivas, incluidos los
narco-negocios. Al mismo tiempo ha expulsado del
sistema, por el rechazo generado, a una parte
importante de la población electoral, que ha
dejado de ser masa votante.
Ese proceso, común a ambas agrupaciones,
acompañado de su paso reciente por las
instituciones estatales, le ha dado al PLD y al
PRD la supremacía en el sistema partidista en la
misma medida en que la pérdida de posibilidades
en ese plano y la muerte de su
caudillo-fundador, Joaquín Balaguer, han
provocado la declinación vertiginosa del Partido
Reformista Social Cristiano (PRSC), ahora en vía
de extinción.
Ø
Bipartidismo desequilibrado y del peor tipo
De
esa nueva correlación de fuerza ha resultado un
nuevo bi-partidismo, cónsone con una notable
-aunque desigual- capacidad de captación de
clientela y de satelización de los partido
menores; fenómeno que en estos comicios absorbió
a la parte de la izquierda tradicional con
matricula electoral (MIUCA-PCT, MPD Y FR), la
cual desde su debilidad integral y desde su
falta de confianza en sí misma -mellada además
su identidad revolucionaria por el oportunismo
político- no resistió la tentación de buscar
ilusorias cuotas de “sobre-vivencia” aliándose
al PRD y confundiéndose en gran medida con sus
aliados de ocasión; cosechando solo crisis
interna y descrédito.
Y
digo “nuevo bipartidismo”, porque ya no es aquel
de los doce años y de tiempos inmediatos
posteriores, con una parte totalmente podrida
(el PRSC balaguerista) pero con otra mucho menos
maleada (el otrora PRD liberal, democrático y
con cierta mística, aunque camino a la
degradación progresiva); ni tampoco el que
efímeramente representó el todavía no corrompido
y no neo-liberalizado PLD de Juan Bosh frente al
gobernante PRSC en tiempos de declinación
temporal del PRD.
Ahora esa bipolaridad electoral luce en gran
medida podrida y por demás neo-liberalizada en
las dos vertientes que la integran. La
degradación de ambas partes viene de lejos, pero
ciertamente se aceleró y multiplicó en los
últimos años, durante las administraciones de
Leonel Fernández-PLD y la de Hipólito Mejía-PRD,
que han llevado a esas organizaciones a niveles
extremos de perversión política.
El
gobierno de Hipólito Mejía hundió de mala manera
al PRD y creó las condiciones para su
corporativización desde los intereses privados
que representó principalmente Miguel Vargas
Maldonado, implementada ésta con un alto grado
de mediocridad y un significativo contubernio
utilitario que incluye hasta acuerdos soterrados
con el propio Leonel Fernández y sus cárteles de
la construcción comandados por Diandino Peña y
Félix Bautista.
En
el caso del PRD esa reciente mutación de todas
maneras dejó latente la pugna entre esa nueva
gerencia partidista privatizadora y el acumulado
corrupto y populachero del ex presidente Mejía,
ahora con tendencia a potenciarse de mala manera
por la derrota sufrida para favorecer más aun a
Leonel y al PLD.
El
gobierno de Hipólito dejó marcado casi en forma
irreversible al PRD como un partido no solo
pro-neoliberal, con una dirección
predominantemente corrupta, sino también
caótico, incapaz e ineficiente dentro de su
maldad. Esa pesada carga ha perdurado hasta
estas elecciones, penalizando al conjunto
perredeista y creándole un serio problema a
Miguel Vargas y a sus socios que torpemente se
pusieron la frente de la estructura partidista y
de estos comicios de medio tiempo a la vez de
seguir aspirando a la candidatura presidencial
de ese partido, cargando sin escapatoria con el
pesado fardo de este revés.
Por
su parte, las dos últimas administraciones de
Leonel Fernández, pero sobre todo la más
reciente, han roto record de descaro en materia
de corrupción, clientelismo, articulaciones con
el narcotráfico y enriquecimiento personal;
llegando a proyectar inequívocamente la
connotación de narco-estado y de narco-gobierno
del poder establecido bajo su mando político.
La
diferencia de ambas corruptela es que mientras
la del PRD es desordenada, ineficiente y
dispersa; la del PLD es bien orquestada, bien
estructurada y bien manipulada: con propósitos y
planes de perpetuación bien definidos, con
sistemas y mecanismos para garantizar su
reciclaje creciente en las instituciones
establecidas, vía la ampliación de su clientela
y el enriquecimiento vertiginoso y concentrado a
favor de Leonel Fernández y de sus socios en el
poder.
Otra
diferencia es que Leonel Fernández en persona ha
ejercido en esa tesitura tres periodos recientes
de gobierno, lo que incrementa por sumatoria su
poder económico y su experiencia en el uso de
los resortes del poder para ejecutar todas las
diabluras del mundo. Unido a un talento
colectivo e individual muy superior al que ha
conducido al PRD después de la muerte de Peña
Gómez y además con mejores vínculos -por esas
razones y otras razones- con la oligarquía
tradicional y el imperialismo estadounidense.
Todo
esto le da ventajas mayores al PLD sobre el PRD,
al punto de incluso ser manipulable en cierta
medida este último por el primero. Ambos, dadas
sus respectivas colas sucias, chantajeables en
igual medida por las administraciones
estadounidenses y por todos los poderes
conservadores a nivel interno e internacional.
En
los recién pasados comicios congresuales y
municipales la cúpula del PLD potenció e hizo un
uso extremo de todas esas ventajas en el
contexto de un mercado electoral denominado por
las prácticas clientelistas desde todas las
ofertas. Salvo en el aspecto represivo, la
dirección del PLD superó con creces todas las
experiencias balagueristas pasadas en lo que se
refiere a volcar el poder del Estado y las arcas
de la corrupción en una “competencia electoral”.
La
cúpula peledeista mejoró su maquinaria
corruptora provincia por provincia,
instrumentando sistemas apabullantes de
mercantilización de la política, de mayor
envilecimiento del electorado por el
clientelismo y de publicidad abrumante. El
derroche de recursos y de millones de pesos
rompió todas las marcas anteriores de ambas
partes, pero siempre con una enorme ventaja del
oficialismo por contar éste con una acumulación
de recursos y medios muy superiores a la mal
llamada oposición. Y esto ha desequilibrado en
alto grado la bipolaridad a favor del PLD,
fortaleciendo su control del Estado delincuente,
estimulando su tendencia despótica-autoritaria y
creando mejores condiciones para precipitar en
grande la declinación del PRD.
Ø
Creció y ganó el voto por ninguno en forma de
abstención
Eso
operó sobre un escenario electoral descantado
entre una parte de la población electoral que ha
quedado entrampada –muchos de sus integrantes
por necesidades perentorias fruto del
empobrecimiento creciente de la sociedad y por
la ignorancia inducida desde el poder- en la
competencia clientelista (acompañada en grado
cada vez menor de algunos sectores llenos de
dudas y en procura de influir limitadamente
dentro de ese medio podrido); y otra parte cada
vez mayor que se ha asqueado de la escoria
exhibida por los dueños de esa “competencia” y
que en tales circunstancias se ha convencido de
la validez de no avalar con el voto a los
candidatos de esas boletas espurias para
ilegitimizar al máximo los resultados.
De
esa convicción brotó la idea del voto por
Ninguno, en medio de un crecimiento
significativo de la tendencia a la abstención,
en la que ha estado presente la determinación de
una parte significativa de los no concurrentes a
las urnas de castigar de alguna manera a esa
partidocracia despreciable.
Esa
idea se coló por todos los rincones de la
sociedad, agregándose a la que podría ser la
abstención crónica por indiferencia,
apoliticidad, ausencias, compra de cédulas o
imposibilidad y/o dificultades mayores para
votar, nunca superior a un veinte por ciento.
Como
la actitud de votar por ninguno, de rechazar
expresamente las propuestas de la partidocracia
no encontró canal institucional medible (por la
negativa de la JCE a incluir una casilla con
esos fines), se potenció entonces
significativamente el no votar -y en menor
medida la anulación del voto- hasta alcanzar
porcentajes record al superar la abstención el
60% de los/as electores/as inscritos/as en las
principales ciudades del país y al registrarse
150 mil votos nulos.
El
enorme rechazo que se ha incubado en la sociedad
contra esos dos partidos y sus fuerzas
satélites, todavía fuertes en término de
clientela captable por ellos, explica el por qué
ya no hay una franja de participantes en las
votaciones que le otorgue la mayoría de las
electores a uno de ellos; e incluso explica el
porque los dos juntos no llegan a representar ni
siquiera la mitad de los electores. En realidad
los candidatos electos en estos comicios a penas
representan en cada caso el 20 por ciento o
menos del total de electores.
Esa
realidad motivó la victoria del voto por
ninguno en forma de abstención, lo que a su
vez ha creado una importante reserva, una
fuerza potencial -todavía no activa ni
coherenciada- que de tomar las calles,
articularse y organizarse podría catapultarse en
un futuro próximo como alternativa a la
partidocracia.
Ø
Entre dos peores predominó el que acumuló más
poder y supo y pudo hacer más diabluras
Por
otro lado, las características del PLD y del PRD
como principales agentes de atracción del mundo
político clientelar, explican el por qué el PLD
ha superado con creces al PRD en estas
“elecciones”. Mas en el plano congresual (que es
una instancia más manipulable desde una
programación-maquinación electoralista) que en
el plano municipal, donde operan otros factores
más locales y menos controlables desde la
maquinaria central; pero, en fin, en ambas
vertientes con amplios márgenes de ventaja a
favor del PLD.
En
un sistema tan cerrado y oligopolizado es lógico
que lo potencial-alternativo se exprese como
rechazo a la partidocracia, como resistencia a
votar y no como votación alternativa; aunque
ciertamente en algunas comunidades pequeñas,
menos controladas, se dieron muestra de
insumisión electoral en favor de candidaturas
populares colocadas en boletas de partidos
menores del sistema tradicional, lo que en
pequeño revela también el agobio de la gente
frente a la actual dominación política.
Al
PRD se le atribuye haber impuesto desde arriba,
sobretodo a nivel congresual, los peores
candidatos. Pero al PLD no se quedó tan atrás en
ese orden. Ese factor pudo influir en uno u otro
lugar para ampliar los reveces, pero en realidad
forma parte de una esencia común a ambas
organizaciones, las cuales exhiben muchas
similitudes en las peores características de su
devenir político.
El
PRD perdió del PLD a veces con sus “mejores”
propuestas y a veces con sus “peores”, y
viceversa; sin que falten casos en que los “más
malos” produjeron en ambos casos los mejores
resultados “electorales”.
El
tema crucial es que cuando la competencia es
entre fuerzas corrompidas y corruptoras –ambas
con posicionamientos políticos similares- la
posibilidad de victoria se inclina a favor del
que tenga mayores posibilidades de desplegar sus
cualidades negativas, sus recursos
distorsionantes y su vocación por las fechorías.
Y ciertamente el PLD ahora mostró más garras y
poseía más recursos para el ejercicio de la
maldad, sin que por ello sea peor o mejor que el
PRD de hoy.
Ø
El
devenir se decidirá en las calles primero que en
las urnas
Otra
cosa es el devenir del país a partir de estos
resultados y de los cambios que en el cuadro
político y en la correlación de fuerzas habrán
de registrarse en los próximos meses, dado que
el PRD queda muy mal parado en lo adelante, la
parte de la izquierda tradicional que le siguió
los pasos corrió peor suerte en su aberrante
aventura, el PLD (con el incremento de su
hegemonía forzada y podrida) pasará posiblemente
a ser blanco de una necesaria insubordinación
social y política producto del descontento
acumulado y de las terribles secuelas económicas
del derroche gubernamental…mientras la nueva
izquierda social y política en gestación tiene
el reto y la posibilidad de estructurarse,
llenar el vacío opositor y ganar las calles y el
corazón del pueblo.
El
cuadro resultante de esta coyuntura electoral
apunta en dirección a que posiblemente el
devenir del país -en cuanto al destino y
despliegue de la imperiosa necesidad de romper
este circulo vicioso que lo empeora todo- habrá
de decidirse en las calles primero que en las
urnas. Pero ese es un tema que nos proponemos
analizar más detenidamente en nuevas entregas.
18 de marzo de 2009.
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