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Por Narciso Isa Conde,
narcisoisaconde@gmail.com
La crisis mundial del capitalismo
es una gran oportunidad para recomponer, hacer
crecer la voluntad del tránsito revolucionario
al socialismo y las fuerzas capaces de
impulsarlo, a pesar del enorme retraso en esta
necesaria creación heroica.
En nuestra América, con la
propuesta socialista, con el proyecto de
sociedad socialista, ha pasado lo mismo que con
la revolución:
-
Su necesidad tiene bases
reales en la existencia del capitalismo,
ahora en crisis mayor; en la cada vez más
dramática explotación, exclusión y
empobrecimiento y en la degradación moral y
perversión institucional que genera su
dominación.
-
Su posibilidad fue
drásticamente negada por los efectos
circunstanciales de la caída de la Unión
Soviética y del llamado campo socialista y
por el predominio temporal en la conciencia
colectiva de la idea de la imposibilidad de
nuevas alternativas al capitalismo realmente
existente.
Las penosas condiciones de
exigencia de pueblos y su tendencia a agravarse
y extenderse, en un sub-continente con una larga
tradición de luchas sociales, democráticas y
patrióticas como América Latina y el Caribe,
provocó nuevas modalidades de resistencia,
protestas y rebeldías desde los sujetos sociales
mas golpeados, empobrecidos (o en vía de
empobrecerse), súper-explotados y excluidos; a
pesar de las disgregaciones y res-tructuraciones
sociales provocadas por el neoliberalismo.
La globalización
neo-liberalizada, paso a paso y dolor a dolor,
viene generando su contrapartida socio-política
y cultural en una parte de los países
recolonizados de nuestra América, lo que de
aprovecharse podría ser más contundente en el
porvenir. Las luchas sociales se politizan cada
vez más,
mientras
la conciencia anti-neoliberal ha comenzado a
crecer, a profundizarse y potenciarse al compás
de la resistencia. Y esa conciencia anti-neoliberal
ha favorecido la conciencia antiimperialista y
anticapitalista y las propuestas alternativas en
desarrollo.
El neoliberalismo ha sido la
modalidad del capitalismo en las últimas
décadas, su ideología de estos tiempos; mientras
los dramáticos resultados sociales de su proceso
de reestructuración en las últimas décadas han
marcado su decadencia y forzado a los propios
ideólogos del capitalismo a hablar de un
ilusorio retorno a una variante keynesiana, que
igual ha comenzado a exhibir su inconsistencia
frente a la actual crisis mundial.
Por eso, además, desde hace
algunos años se ha estado hablando de un
proyecto anti-neoliberal o de una sociedad
pos-neoliberal, que opere como una especie de
puente hacia una sociedad poscapitalista.
Perspectiva necesaria que ahora tendrá que
enfrentar los esfuerzos reciclaje del orden
capitalista mundial, con su vórtice en los EEUU
presidido por Barack Obama.
El auge el pensamiento
contestatario, ha cruzado y acompañado -cruza y
acompaña- las luchas contra el ya decadente
orden capitalista neoliberal. ¡Acción y
pensamiento combinados!
Pensamiento y acción, una veces
en paralelo, otras veces uno detrás y otro
delante, con desniveles y desproporciones
significativas, o con avances ascendente en
ambas vertientes. Y así la otrora idea dominante
de la imposibilidad de los cambios y opciones
alternativas, aunque perduró muchos años, se
venido debilitandose; primero poco a poco y,
luego, más aceleradamente.
Cierto que en el siglo pasado el
golpe al ideal socialista había sido
contundente. Que la defensa del socialismo quedó
reducida a sectores políticamente marginales o
minoritarios. Pero de todas maneras perduró, y
eso fue de gran valor e indudable trascendencia.
Y perduró con las siguientes modalidades:
Ø
La testimonial, nostálgica del
pasado, anclada en gran medida en el proyecto
socialista fracasado y en la interpretación
dogmática del marxismo.
Ø
La innovadora, de corte
revolucionario, que implica la superación del
llamado socialismo real y la renovación,
recreación, y/o recuperación de la propuesta
socialista.
Ø
La primera forma parte de la
crítica, del combate, de la impugnación al
capitalismo neoliberal, pero no genera ni fuerza
consistente ni propuesta alternativa atractiva.
Es una especie de semilla que alimenta, pero no
germina.
La segunda, es otra cosa y por
eso ha venido convirtiéndose en la negación del
capitalismo realmente existente y en la negación
del “socialismo” que se derrumbó, aunque todavía
con serios déficit. Es una semilla que alimenta
y germina, que potencia e inocula conciencia y
organización a las justas rebeldías y a las
luchas espontáneas, a los combates clasistas y
no estrictamente clasistas de la actualidad.
Un pensamiento que se ha
reproducido de lo pequeño lo grande, sin prisa
pero sin pausa, hasta expandirse y
multiplicarse. Y –sobre todo- que supo
diferenciase de aquel gran revés, comenzando por
hablar de la posibilidad de un socialismo
diferente, distante y distinto esencialmente en
sus contenidos y en sus formas; insistiendo en
recrear el proyecto revolucionario, inspirándose
en diversas fuentes y nuevas reflexiones
surgidas de la crítica al capitalismo actual y
de las nuevas y diversas rebeldías contra él:
rebeldías de clase, etnias, generaciones,
géneros, de los defensores del ambiente, de los
pueblos originarios…
Y esa diferenciación incluyó
inteligentemente la denominación de la propuesta
de nueva sociedad como nuevo socialismo o
socialismo del o para el siglo XXI, ahora
propensa a crecer y desarrollarse dentro de la
grave crisis que azota a todo el sistema
capitalista. |