|
MCR
[25.09.2007]
En Cuba, unas incipientes causas de
entropía de su mantenido modelo
económico, político y social se
consolidaron, otras revelaron un
gran impacto; hoy, estamos
convocados oficialmente y por la
historia a inventariarlas y buscar
los antídotos definitivos y
radicales para su eliminación.
Miguel Arencibia Daupés (Para Kaos en la Red)
[20.09.2007 20:47)
Permítanme
comenzar con una breve anécdota personal que
conocen
mis amigos y muchos conocidos.
Hace dieciséis años me fue orientado cursar un
breve taller para directores de Cuadros de
organismos nacionales en la Escuela Superior del
PCC “Ñico López”. Finalizando ese evento,
precisamente en la tarde de un viernes de
noviembre de 1991, se nos presentó un grupo de
carteles que exponían las cuestiones
conceptuadas por la institución y refrendadas
por sus niveles superiores del Partido como
esenciales causas del derrumbe (Fidel lo
bautizaría como “desmerengamiento”) del llamado
Socialismo Real en la URSS y de los
–malintencionada pero acertadamente calificados-
países satélites de Europa del este.
El profesor, como pudo, fijó las pancartas ante
nuestras vistas y calló; no tuvo que pedirnos a
sus discípulos que, en la más silenciosa
abstracción, analizáramos el contenido de
aquellos cartones escritos toscamente con plumón
negro.
¿Cuánto tiempo pasó así? Hoy, creo que fue
bastante; en aquel momento, el tiempo se detuvo.
De repente, la voz del profesor nos sustrajo del
ensimismamiento; sobre todo a mí a quien el
profesor se había dirigido para preguntarme muy
intrigado el por qué de una media sonrisa,
pienso que mueca irónica, que en forma
inconsciente y con amargura, yo tenía asomada en
mi redonda faz.
Tomado de improviso, tuve que auto-inquirirme al
respecto y, en la medida que la respuesta se me
hacía presente, iba desgranándola hacia el
profesor y el resto del grupo:
-Mire, profesor, considero que nosotros
(entiéndase: Cuba, los cubanos)
desafortunadamente adolecemos de casi todas
ellas. Con excepción de que tenemos un líder, la
ausencia de problemas étnicos, y religiosos de
connotación, así como un partido no muy alejado
del sentir de la masa, creo que venimos
afrontando las demás.
Aparte de las justificadas miradas que mis
compañeros me dirigieron por el aparentemente
arrojado planteamiento, obtuve de ellos las
expresiones de su más absoluta aprobación, al
igual que…. del propio profesor. Lo que, como el
lector supondrá, no fue para mí de satisfacción
alguna, ya que hubiera querido estar equivocado
de plano.
Inmediatamente mis condiscípulos se sucedieron
en el uso de la palabra, con orden pero sin
pausas, para mostrar su coincidencia con lo
dicho y ampliar aún más.
Se habló de la similarmente unanimidad irreal de
opinión y ausencia de debate, de la
subutilización y deterioro de la agricultura, de
la no aplicación de los avances de la ciencia y
la técnica a la vida diaria y el bienestar de
los ciudadanos, de mecanismos económicos
atrasados que propendían a la falta de
creatividad y dilapidación de recursos de todo
tipo, en suma: a la ineficiencia; del cierto
distanciamiento y desconocimiento de la
burocracia con respecto al pueblo, a los
diferenciados intereses de éste, a sus
individualizadas necesidades; del secretismo;
del seguidísimo; de la adopción, en forma no
democrática sino elitista, de las más
estratégicas decisiones, lo que, por demás
propiciaba errores al tener visiones
parcializadas y/o reduccionistas de los tópicos;
de la inadecuada aplicación u omisión de esa
reconocida fórmula marxista “De cada cual
según su capacidad, a cada cual según su
trabajo”; en fin, se fueron agregando, como
bloques de una pared, los argumentos.
Había transcurrido un mes desde que, en Santiago
de Cuba, se hubiera celebrado nuestro IV
Congreso del Partido, así como terminado un par
de años antes el Proceso de Rectificación de
Errores y Tendencias Negativas, que iniciara en
1986. Lo cual debía brindar positiva plataforma
para enfrentar los perjuicios provenientes de un
huracán, esta vez no tropical, cuyas turbonadas
nos llegaban de manera violenta desde Europa del
Este.
Tengo la convicción, sin que nadie lo
manifestara, de que todos los que allí nos
encontrábamos, en nuestro interior, juramos,
hacer todos los esfuerzos y sacrificios que
debiéramos para dar un vuelco a tan negativo
listado y, así, evitar un desastre igual al
soviético en nuestro invaluable, querido caimán
verde.
Entonces, ya estábamos dentro y se continuó
ahondando el Período Especial con toda la
secuela de incrementadas escaseces y serias
dificultades de toda índole que hicieron recaer
asimétricamente su fuerza entre los componentes
de la sociedad, con especial presión sobre sus
capas más humildes.
Soportamos, resistimos, trabajamos, hicimos y,
con una emersión económica (se empezó a “ver la
luz al final del túnel”) que tuvo significativo
momento aproximadamente en 1996, logramos la
continuidad del proceso cubano;
fundamentalmente, debido a una decisión “a
prueba de balas (agrego:) y de misiles “del
pueblo cubano de no dejarse vencer ni por el
sempiterno enemigo imperial ni por las
adversidades.
Muchos, muy apreciados, murieron; otros, como se
dice en la canción de Pablo Milanés: “nos fuimos
poniendo viejos” y, con menor ritmo que antes,
nuestros jóvenes de hoy nacieron. Todos, sin
poder disfrutar más de determinadas
posibilidades que, sin ser las “ambrosías” que
mediáticamente se ha pretendido de modo
inconsciente por algunos compañeros, fueron
parte casi-cotidiana del cubano, partiendo de
los años finales de la séptima y durante la
completa década octava del pasado siglo. Debidas
mayormente a la colaboración soviética para con
nuestra patria.
Realizamos el V Congreso del PCC, pasó el tiempo
y hasta “un águila por el mar”. Fueron hechos
prisioneros injustamente nuestros cinco héroes y
regresó Elián, después de excepcional contienda.
En lo sucesivo, desde fines de los noventas y en
lo que va del nuevo siglo, se incrementó el real
y abrumador bloqueo (ya agudizado con las leyes
Torricelli, Helms-Burton), con la implantación
de las facistoides medidas draconianas, digo:
bushianas .
De estos años, hubo algunos en que la sequía o
continuados ciclones nos parecieron parte de la
estrategia de los yanquis para debilitarnos y
hacernos renunciar a nuestro camino; pero ni
aquellos o ésta lo consiguieron.
Sin embargo, parte de lo señalado, así como las
necesarias medidas adoptadas para enfrentar las
adversidades del Período Especial (doble moneda,
estimulación en divisas para determinados
sectores, empresas mixtas, aumentos en los
precios para reducir el circulante, etc),
confluyeron para extender el manto de una
desigualdad que -siempre existente aunque
semioculta y en mínima medida- se incrementó con
rapidez, abriendo surcos dentro de una población
que no estaba acostumbrada y menos resignada a
tales diferenciaciones entre sus integrantes.
Eso, por una parte, y un grupo de viejas pero
latentes causales, muchas comentadas por mi
grupo en aquel viernes de 1991, sumadas a otras
incipientes que, de manera abrupta, se tornaron
de gran impacto, nos fueron conduciendo a la
situación actual en que debe revisarse y
determinarse, como señalara Raúl en su discurso
del 26 de julio pasado, los moldes estructurales
que tenemos que eliminar, paulatina pero
radicalmente.
Dentro de esas causas que se han ido revelando
cada vez más impactantes, se puede compilar el
mantenimiento y aumento de una centralización
estatal excesiva; la fusión del partido y el
Estado, y a estos de las organizaciones
sociales; la inmovilidad de los conceptos de
fondo, dada determinada atrofia del pensamiento
social crítico, además, con rechazo o
inviabilidad de los criterios divergentes, entre
otras cuestiones por un extendido acriticismo
que ha anidado en muchos dirigentes, otras
personas y en nuestros medios de información.
A ello se adiciona -como expresara nuestro
Canciller- una extendida simulación y apatía en
importante, casi mayoritaria, porción de pueblo.
En mi opinión, como una manifestación de
desconcierto y agotamiento en la espera de un
verdadero protagonismo democrático en cuanto a
la toma de las decisiones que le incumben, como
legítimo dueño del país que es; más que de
complicidad o aceptación de lo que mal funciona.
Muchos son los logros alcanzados en estos años,
imposibles de obviar. No obstante, en materia de
economía política -como con respecto a la URSS
expresara Dacal Díaz, en su trabajo “¿Por qué
fracasó el socialismo soviético?, (julio/2007)-
se nos ha entronizado un “estancamiento de las
relaciones de producción capitalistas, no su
superación, en nombre de estructuras y
relaciones productivas que supondrían la
existencia del socialismo,…”.
También en nuestro país “los obreros continuaron
disociados de los medios de generación de
riquezas. No se convirtieron en dueños reales de
estos, debidos a que los elementos
burocrático-administrativos los mantuvieron
distanciados de la propiedad efectiva. En esa
dinámica, la nueva organización de la
producción, pretendida como socialista, tuvo un
carácter formal.”
Como en la URSS, se ha estado “distribuyendo
escaseces”, debido a mecanismos igualitaristas
que al aplicarse entre gentes con aportes
desiguales han aumentado sus desigualdades.
Cuando de los que debía tratarse es de “…de
distribuir la riqueza, no la pobreza. Por tanto,
la bondad y novedad de un mecanismo de
distribución social no sirve de mucho cuando
está desconectado de la generación social de
recursos que lo hagan operativo y lo validen. En
esa contradicción funcional entre la pobre
generación de riquezas y, por consiguiente, su
deficiente distribución, estuvo la base del
socialismo «de carencias» (fin de la cita),
cual hemos penado -en grado diverso, según el
momento y el segmento social de pertenencia- por
casi medio siglo.
Y como Dacal nos clarifica: “La adulteración
del objetivo socialista estuvo (acoto: ha estado
fundamentalmente) en identificar la estatización
de la propiedad con la socialización,
limitándose así la complejidad y profundidad de
lo que Marx había entendido como superación del
modo de producción capitalista. “
En esto último,
parafraseando a un buen amigo, fue donde
“puso el huevo la serpiente”; la sierpe que
indujera a un nuevo “pecado original”. Pudiendo
señalarse que todas las demás culebras son
más consecuencias que causas, y han sido paridas
por ella; aunque, recursivamente, den aliento y
sostengan a su progenitora.
Incluso, reconociendo como cierta una mantenida
y fuerte actividad de los agentes del
Imperialismo
mundial -cuales hoy pretenden autoimponerse
medallas con interpretaciones “hechológicas” del
pasado acontecer histórico- estimo que si
diversas de sus “carreras”, “guerras” y demás
acciones alcanzaron éxito fue porque los errores
y tendencias negativas internos no permitieron
una sólida invulnerabilidad, un muro
infranqueable o mucho más difícil de penetrar,
de la parte soviética.
Metafóricamente hablando, los enemigos
imperialistas sólo auxiliaron a la URSS en su
suicidio; ya que no caben dudas de que su
derrumbe fue por implosión, como el de las
torres del World Trade Center.
Haciendo una retrospección hasta llegar a
aquella tarde de un viernes de noviembre del 91,
de que ante les comenté, concluyo preguntándome:
¿Por qué, con tantos anteriores años de proceso,
múltiples elementos favorables y conociendo tan
tempranamente las principales causales de una
debacle, hemos venido caminando casi por el filo
del mismo precipicio?
Y, con el estilo de nuestros guajiros, me
inquiero - aún teniendo en cuenta las
diferencias en cuanto a condiciones históricas,
geográficas y otras entre países y procesos -
sobre si los revolucionarios seremos como ese
torpe animalejo aviar del anecdotario popular
que tiende a tropezar con la misma piedra varias
veces?
Con sinceridad, desde lo más interno de mí,
confío que demostraremos nuestras capacidades de
homo sapiens y que sabremos emplear todo el
bagaje de experiencia propia e internacional,
principalmente latinoamericanista, para que otra
caída igual o parecida no nos suceda.
En esta ocasión, en que se apertura un nuevo y
superior capítulo de nuestra historia, con el
llamado de la dirección del país a los renovados
análisis que se vienen produciendo en cada
núcleo, centro de trabajo y, posteriormente, en
los CDR de la nación, debemos producir un
ajustado y, al propio tiempo, integral
inventario de todas las fallas, así como obtener
propuestas y determinar, entre todos, los
remedios a aquellas.
Es un momento (como se vaticinaba en el templo
de Delfos) propicio para alejar todas las
piedras de nuestro camino, para lograr que
aunque éste siga siendo irregular - y en zigzag,
como ya se conoce que decursa el progreso- en
definitiva nos lleve a transitar por la
masivamente ansiada construcción del Socialismo.
La Habana, 18 de septiembre de 2007
|