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Por Fernando Bossi
El domingo 23 de noviembre se llevarán a cabo
elecciones a Alcaldes y Gobernadores en
Venezuela. El movimiento bolivariano, liderado
por el Presidente Chávez, tendrá la oportunidad
de tomarse revancha ante el traspié sufrido el 2
de diciembre del año pasado. La oposición,
intentará medir fuerzas y demostrar que la
Revolución se encuentra en proceso de decadencia
o al menos de estancamiento.
Nadie será indiferente ante el resultado de
estas elecciones regionales, como tampoco a
nadie se le escapa que estos comicios
trascienden el mero espacio de lo local. De
acuerdo a cómo quede configurado el mapa
político del país se harán las diferentes
interpretaciones y análisis. Las elecciones de
este domingo, entonces, revisten un carácter
estratégico en la lucha política venezolana.
Sabemos todos que dos proyectos son los que
confrontan: el impulsado por el comandante
Chávez, de revolución patriótica,
antiimperialista y en vías al socialismo, y el
sostenido por la oposición, de carácter
neoliberal, libremercadista y aliado a los
Estados Unidos.
Acertadamente, uno de los principales dirigentes
del Partido Socialista Unido de Venezuela, el
general Alberto Muller Rojas, señaló en una
entrevista: “No estamos ante unas simples
elecciones de autoridades regionales. Ésta es
una campaña nacional vinculada al juego político
internacional. Aquí se enfrentan las fuerzas que
luchan por la pluripolaridad y por un modelo
nuevo de relaciones políticas, económicas y
diplomáticas, contra las fuerzas que apoyan la
unipolaridad, representada en la alianza
atlántica que gira fundamentalmente en torno a
Estados Unidos y a grupos minoritarios que en
sus países apoyan la plutocracia que hoy domina
el sistema internacional”.
Los avances en la política de integración y
unidad latinoamericana caribeña han contado en
los últimos años con un protagonista
fundamental: el comandante Hugo Chávez. Difícil
es imaginarse los pasos dados en esa dirección
sin la presencia del presidente venezolano. Esto
sin quitar méritos a otros mandatarios que han
aportado sustancialmente en la lucha por la
integración soberana. Mas a nadie se le escapa
que, tanto Petrocaribe y el ALBA, como UNASUR y
el MERCOSUR, han sido espacios creados o
apuntalados desde la Revolución Bolivariana. Es
entonces cuando un Chávez, fortalecido o
debilitado, importa al imperialismo, enemigo de
toda forma de integración que cuestione la
dominación estadounidense en la región.
Para los intereses oligárquico imperialistas,
presentar a un Chávez sin el respaldo popular
categórico que lo ha caracterizado en sus ya
casi diez años de gobierno, es fundamental. Y de
acuerdo a los resultados del 23 de noviembre, la
maquinaria mediática se pondrá en pleno
funcionamiento, desplegando todo su abanico de
calumnias, que recorrerán desde la denuncia de
fraude hasta la minimización del triunfo
bolivariano en caso de que éste sea contundente.
Lo mismo que estamos observando en estos
momentos en Nicaragua, el sandinismo ganó
legítimamente las elecciones municipales del 9
de noviembre último y la oposición desconoce el
resultado, acusando fraude, bajo el
consentimiento del embajador estadounidense
Robert Callahan. Nicaragua, miembro del ALBA y
Petrocaribe e impulsor de las políticas de
unidad latinoamericana caribeña, a través del
presidente Daniel Ortega, es también escenario
de esta lucha entre los Estados Unidos, por
conservar su hegemonía mundial y América Latina
y el Caribe por integrarse soberanamente.
Ya el terrorismo mediático, a través de sus
analistas y politólogos a sueldo del imperio, ha
comenzado a desplegar un aluvión de comentarios
tendientes a demostrar que la izquierda
latinoamericana está en baja. Nada dicen de que
el Partido de los Trabajadores en Brasil aumentó
su caudal de votos como asimismo la cantidad de
alcaldías en su poder; tampoco señalan que quien
ganó la mayor suma de gobiernos municipales es
un partido aliado del gobierno de Lula, pero sí
festejan a viva voz que la derecha ganó en San
Pablo y con malabarismos matemáticos tratan de
demostrar que en la segunda vuelta Lula perdió,
y con él su gobierno.
En ese sentido, también llama la atención cómo
los medios masivos de comunicación han manejado
las elecciones municipales en Chile. Cuando al
imperio le conviene, ubica al gobierno de
Bachelet dentro del bloque de la izquierda
latinoamericana, cuando no, lo caracteriza
separándolo y atribuyéndole singulares perfiles
democráticos y progresistas ejemplificantes.
Ante los resultados adversos para el gobierno en
las elecciones municipales del 26 de octubre
pasado, los voceros de la derecha a nivel
internacional no dudaron en calificar el hecho
como de una derrota de la izquierda chilena. No
había perdido un gobierno que lleva adelante
políticas neoliberales, sino que había perdido
¡la izquierda latinoamericana!
Sobre el triunfo de Evo Morales en el referendo
revocatorio a que se expuso voluntariamente hace
unos meses y en el que ganó con el apoyo de un
67% de los votos emitidos, poco se ha dicho, más
bien se minimizó y se caracterizó el hecho como
de “fenómeno local”. El “fenómeno Evo Morales”,
se leía en los titulares de varios diarios de la
región ante el triunfo del presidente boliviano.
Tampoco le dieron mayor significado al triunfo
de Correa en el referendo a la Nueva
Constitución del Ecuador.
La operación montada por el imperialismo es
clara: generar la matriz de opinión de que los
gobiernos de izquierda en América Latina ya no
cuentan con el respaldo popular con que antes
contaban y que, en consecuencia, sus políticas
están en franco proceso de desgaste y fracaso.
Los gobiernos de Brasil y Chile retroceden ante
la derecha vernácula y el sandinismo en el poder
gana las elecciones solo a través del fraude. A
esta lista se pretende sumarle una señal de
retroceso del proceso bolivariano en Venezuela.
Todo esto, que por demás es falso, constituye la
base argumental del bloque oligárquico
imperialista, a fin de recomponer sus fuerzas
hoy debilitadas y dispersas.
Pero la lectura correcta sobre los últimos
comicios en América Latina señala todo lo
contrario a lo que los comunicadores cipayos
reflejan en sus análisis, ya que la izquierda
patriótica y unionista sigue creciendo y
consolidándose. Y a esto se agrega que los
gobiernos neoliberales de la región, presentan
un grado de descomposición tal que sí anticipan
procesos de desgobernabilidad acentuados; es el
caso de Perú y Colombia por ejemplo.
En el marco de la política internacional, es
entonces donde debemos analizar los resultados
de las próximas elecciones del 23 de noviembre
en Venezuela. No es en la dimensión de si el
bolivarianismo gana o pierde tres o cuatro
gobernaciones o alcaldías, sino en cómo queda
una correlación de fuerzas que excede el
perímetro de lo nacional.
Cuando señalamos que la Revolución Bolivariana
es hoy el centro de gravedad de la política
integracionista y por la unidad latinoamericana
caribeña, es porque sabemos que de este proceso
es desde donde se han elaborado y se llevan a la
práctica las más profundas ideas de unidad. Así
lo han entendido los pueblos de Nuestra América
en incontables manifestaciones de solidaridad y
apoyo, pero también el bloque oligárquico
imperialista lo tiene claro.
Ahora bien, teniendo en cuenta que ya los
métodos contrarrevolucionarios se van agotando y
los gobiernos izquierdistas latinoamericanos
siguen avanzando contra viento y marea, los
nuevos métodos a implementar por la derecha
parecen destinados a propiciar la división de
las fuerzas populares, como asimismo a intentar
generar “roces” entre los gobiernos
integracionistas. Los primeros ensayos aparecen
en Venezuela, cuando un sector de las fuerzas
aliadas al gobierno, minoritarias, están
transitando su propio camino para las elecciones
del 23 de noviembre. El enfrentamiento por parte
de la dirigencia indígena en Ecuador contra el
gobierno de Rafael Correa podría ubicarse dentro
de este panorama. Más conocida es la posición
del Movimiento Renovador Sandinista en
Nicaragua, que intenta mantener un discurso de
izquierda para confundir a los verdaderos
sandinistas, pero cuadrándose disciplinadamente
con la derecha neoliberal y los dólares
estadounidenses. También aparecen algunos
pequeños sectores ultraizquierdistas en Bolivia
que acusan a Evo Morales de “traidor” por haber
pactado con la oposición la Nueva Constitución
del Estado. Asimismo es intención del imperio
generar fracturas o magnificar diferencias entre
los gobiernos populares. El caso de Argentina y
Uruguay por el tema de “las papeleras” es el más
explotado, trasladando “ruidos” tanto en el
Mercosur como en Unasur.
La apuesta de la derecha apátrida es entonces
doble: por un lado a generar divisiones en el
campo popular como también en los bloques
regionales constituidos; por otro lado,
especular con que la crisis del capitalismo
estadounidense impacte fuertemente en nuestras
economías, a fin de achicar el margen de
maniobra de los gobiernos populares y que eso
genere descontento en la ciudadanía. Si algo
tiene de coherencia la oligarquía
latinoamericana es siempre su constante vocación
vendepatria.
Por las razones expuestas, es necesario alertar
a las organizaciones populares, que deberán
estar atentas al curso de los acontecimientos,
no caer en visiones sectarias o meramente
reivindicativas, que pudiera capitalizar la
derecha en su beneficio, y tener la suficiente
capacidad de análisis estratégico como para
entender que, hoy por hoy, el campo de batalla
es todo el territorio de la región
Latinoamericana Caribeña. A su vez, los
gobiernos populares también deberán hacer
esfuerzos mayúsculos para avanzar,
aceleradamente, en concretar y profundizar los
emprendimientos unitarios ya esbozados o en
marcha: Banco del Sur, Banco del ALBA, Misión
Milagro, los 18 proyectos grannacionales del
ALBA, el Gasoducto del Sur, etcétera.
Tras el frustrado golpe de estado, el boicot
petrolero, las políticas desestabilizadoras y
otros métodos antidemocráticos implementados
contra el gobierno revolucionario, la derecha
venezolana, que es conciente que tiene pocas
posibilidades en las urnas, intentará nuevamente
atacar al gobierno a través de la manipulación
mediática y la mentira, siempre contando con el
apoyo del gobierno estadounidense.
Una vez más el pueblo venezolano se despliega en
batalla, el comandante Chávez se ha puesto a la
cabeza de la campaña; un nuevo triunfo del
pueblo bolivariano será un paso más en la lucha
por la unidad de Nuestra América como asimismo
una nueva derrota del imperialismo yanqui y sus
aliados.
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* Presidente de la Fundación Emancipación para
la Unidad y Soberanía de América Latina y el
Caribe. |