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Heinz Dieterich
07.01.2009
1. La impotencia de la crítica estatal
latinoamericana
Varios presidentes y altos funcionarios de
gobiernos latinoamericanos han criticado
públicamente la matanza que Israel está
cometiendo en Gaza, entre ellos, "Lula" da Silva
(Brasil); Hugo Chávez (Venezuela); Daniel Ortega
(Nicaragua); el gobierno cubano; David
Choquehuanca (canciller boliviano) y Miguel
D´Escoto, el león sandinista que funge como
presidente de la Asamblea General de la ONU.
Esas críticas públicas honran a los políticos
que las hicieron y a la Patria Grande, porque es
la actitud moralmente correcta que debe asumir
una persona pública ante la política de Tel
Aviv. El problema es que no tendrán mayor efecto,
porque el Estado de Israel, apoyado por la
burguesía atlántica imperialista ---Estados
Unidos/Unión Europea--- está blindado contra la
ética y es demasiado poderoso, como para
hacerles caso a voces individuales
latinoamericanas.
2. Retirar a los embajadores latinoamericanos de
Israel
Frente a fuerzas políticas poderosas y
éticamente blindadas hay un solo remedio en esta
tierra: usar el poder real. Este existe en
cuatro formas: el militar, el económico, el
político y el cultural. ¿Tienen los presidentes
alguno de estos poderes a su disposición?
Obviamente que sí: el político-diplomático. La
medida adecuada que pueden y deben ejecutar es
el retiro inmediato de sus embajadores de
Israel, como primer paso hacia una posible
ruptura posterior de las relaciones diplomáticas,
si Israel no para la agresión.
Sin embargo, por el mismo hecho, de que todos
los Estados latinoamericanos son débiles a
escala internacional, probablemente ningún
gobierno lo hará individualmente. Porque, no
solo son débiles estructuralmente, sino que
enfrentarán este año una fuerte crisis económica,
para la cual no están preparados, ni tienen
ningún proyecto de defensa económica común; lo
que les hace más vulnerables aún ante los amos
del sistema mundial. Enfrentarse individualmente
sería posible en unos pocos casos, pero tendría
un costo político muy alto. Por eso, toda acción
de los gobiernos latinoamericanos debería ser
colectiva.
3. Las plataformas diplomáticas de actuación
Los colectivos que están teóricamente a
disposición son el ampliado Grupo de Río, la
UNASUR y el ALBA. Por su afinidad ideológica, el
ALBA sería el grupo de más fácil actuación en
este escenario. Sin embargo, se trata de una
fuerza débil, tanto en cuanto a algunos de sus
países integrantes, como a nivel internacional.
De ahí, que es improbable que vaya a retirar sus
embajadores.
El Grupo de Río y la UNASUR tendrían el poder
suficiente para actuar en bloque, pero algunos
gobiernos están muy vinculados a Israel; por
ejemplo, el gobierno de Uribe tiene una "relación
especial" con el Estado sionista, que no pondrá
en peligro, mientras que para el gobierno
argentino es fundamental el apoyo de Israel en
relación a sus ambiciones electorales. El
Salvador, Chile, Perú y Uruguay tienen su propia
problemática respectiva.
4. Reunión extraordinara del Grupo de Río y de
la UNASUR
Ante esta situación, los gobiernos progresistas
latinoamericanos deberían convocar a una reunión
extraordinaria de cualquiera de los dos
organismos, tal como se hizo en el caso de la
subversión boliviana, para tomar medidas sobre
el tema de Palestina. El solo hecho de que el
sujeto colectivo latinoamericano tematíce la
matanza y el problema de Medio Oriente, se
convierte en un hecho político de enorme
importancia a nivel internacional y consolida su
status de actor global. Manda una señal y crea
un contexto para hacer solidaridad real con el
pueblo palestino y los sectores decentes de la
nación judía y del Estado de Israel.
5. Retirar los embajadores para proteger al
pueblo palestino y la paz mundial
Sin embargo, la justificación de tal cumbre va
más allá de la ética. Hay una razón de Estado
oculta y estructural en todo esto. Si habrá una
guerra nuclear en alguna parte del planeta, que
afectará a toda la humanidad, será en esta zona
de Euroasia; de hecho, está anunciado para el
caso de Irán. Es, por lo tanto, una obligación
de cada gobierno latinoamericano, contribuir a
una paz negociada en Medio Oriente, para
proteger el futuro de sus pueblos. No se trata
de un problema nacional o local, sino de un
problema de la humanidad.
Por lo mismo, no puede quedar en manos de una
elite criminal y sus padrinos atlánticos, que
siguen engañando al pueblo judío con la quimera
de que la vía militar le garantizará el futuro,
mientras están masacrando a civiles inocentes y
llevando a la especie al borde del holocausto
nuclear.
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